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Christine Chavez comparte su historia de vida sobre su abuelo César E. Chávez


Christine Chávez creció aprendiendo sobre los derechos de los trabajadores agrícolas, el movimiento obrero y la organización comunitaria. Cuando era niña estaba de pie en la línea de piquete (fila al frente) luchando por los derechos de los demás y aprendiendo de su abuelo, César Chávez, a cómo luchar contra los males hechos a otros, a través de protestas no violentas.

“Pasamos mucho tiempo trabajando en el movimiento de trabajadores agrícolas. Era tan importante para mi abuelo ver a todos sus hijos, y, especialmente a sus nietos, caminando en líneas piquetes, marchando o trabajando y ofreciéndose como voluntarios en la oficina de Trabajadores Agrícolas Unidos (United Farm Workers). Él solía decirnos ‘chicos, en esta familia no tenemos picnics familiares, pero tenemos piquetes familiares’”, dijo Chávez.

Ella fue invitada a hablar la semana pasada en la 10mª Conferencia Anual César Chávez, realizada en la Universidad de Missouri-Kansas City. Antes de dar su presentación sobre su abuelo, Chávez reconoció a la familia Alonzo y les agradeció por apoyar a su abuelo y a los demás que formaron el movimiento obrero y el Sindicato de Trabajadores Agrícolas.

“No hay manera de que hubieran sido capaces de hacer lo que hicieron si no fuera por los partidarios como ustedes y su familia. Yo estaba admirando todos los diferentes carteles que él (José Alonzo) había creado y alguien me dijo que se los daba a sus hijos y salían y boicoteaban frente a la tienda de Safeway. Fue una historia muy similar a la de nuestra infancia y yo quiero agradecer eso”, dijo Chávez.

Su abuelo tuvo éxito en llevar los boicots de los campos agrícolas en California a las ciudades.

“Ahí es donde entró la familia Alonzo, y muchas otras familias, apoyando esos boicots. Decenas de miles de simpatizantes estuvieron al frente, en los supermercados, millones de consumidores boicotearon las uvas, forzando a los viticultores a firmar un contrato en 1970. En un momento dado, 17 millones de estadounidenses estaban boicoteando las uvas de California”, dijo Chávez.

Alineados en los muros del Auditorio Pierson, se encontraban los carteles que diseño José “Chepe” Alonzo, quien en una entrevista con KC Hispanic News en 2014, dijo que se reunió con el líder de derechos civiles en el viejo centro comercial Valentine, ubicado en la intersección de las calles 36 y Broadway, en Kansas City, Missouri y marcharon con César Chávez en apoyo a los Trabajadores Agrícolas Unidos.

Lo hice debido a mis padres. Vi el sufrimiento que pasaron mis padres y vi a estas otras personas con Cesar y dije que me iba a unir a ellas”, dijo.

Siendo un niño de nueve años de edad en Topeka, Kansas, Alonzo tuvo una probada del agotador trabajo cuando empezó a laborar en los campos de betabel (remolacha). Sabía que el trabajo no era para él. Como parte de su activismo se involucró en la acción directa. Hizo carteles que pedían el boicot de frutas y verduras, instando a la gente a no comprarlos a menos que tuvieran, en los paquetes, el emblema de Trabajadores Agrícolas Unidos. Llevaba sus carteles y a su familia y se formaban en piquete en Safeway.

Yolanda Velásquez, hija de José Alonzo, dijo que su padre hizo la obra a principios de los años 70.

“Nuestro sacerdote en la iglesia St. Thomas en Kansas City, Kansas había pedido voluntarios para limpiar la iglesia, ya que había una caravana de trabajadores agrícolas que venían a Kansas City para dar a conocer la difícil situación de los trabajadores agrícolas y necesitaban un lugar para descansar y comer. Nuestro sacerdote quería proveer para ellos. Siento que ahí es donde mi padre se interesó por esto. Le encantaba tener conciencia y le encantaba dibujar y esa era su manera de ofrecer su apoyo”, dijo.

Al crecer, la infancia de Velásquez se cruza con la de Chávez, ya que ambas pueden recordar los piquetes y manifestaciones.

“Recuerdo formando piquetes con mi papá, los sábados por la mañana, en varias tiendas de Safeway. Hubo un caso en que la situación fue hostil, cuando estábamos en el centro comercial Valentine, una mañana, supe que algo no estaba bien, teníamos a gente que venía y nos pedía que nos fuéramos, no lo hicimos. Hablaron un poquito alto con mi padre y dijeron que nos largáramos, poco después de eso nos fuimos. Por lo general, cuando hacíamos los piquetes era pacífico”, dijo.

Mientras Velásquez esperaba que Chávez subiera al escenario, miraba las ilustraciones de su padre, y dijo, “es muy emotivo ver su trabajo aquí. Muchas de estas cosas no las había visto por años. La obra de arte ha estado en la casa, hasta hace poco cuando permitimos que la obra estuviera en exhibición en varios eventos. Ver la obra muestra a la gente que aunque había miles de kilómetros entre Cesar y esta ciudad, mi papá estaba luchando igual de duro aquí en el Medio Oeste tanto como lo estaban haciendo en California”.

Frances Alonzo, esposa de José, no fue a los piquetes, pero ella lo apoyó haciendo lo que él quería hacer.

“Supimos sobre el movimiento que César Chávez estaba haciendo con los trabajadores agrícolas cuando nuestro sacerdote pidió voluntarios para limpiar la iglesia y ayudar a alimentar a los trabajadores agrícolas que estaban llegando a la ciudad. Después de saber sobre el trabajo que estaban haciendo, mi marido se dedicó a ayudar a la causa”, dijo.

Mientras miraba alrededor del salón a los asistentes y a las ilustraciones de su marido, Frances dijo: “Me gustaría que estuviera aquí. Ojalá pudiera ver esto, él estaría muy orgulloso. Me hace sentir muy bien que están reconociendo su obra de arte porque él era verdaderamente fiel a su causa”, afirmó.

Christine Chávez, dijo a la multitud, que César Chávez era el padre de su madre y que ella es una de 31 nietos. Su madre Sylvia es la hija mayor de César y él y su esposa tuvieron ocho hijos.

“Me gusta decirle a la gente que realmente fue mi madre quien nos inculcó el orgullo que siento como méxico-americana, como mujer y como nieta de César Chávez. Mi mamá nos hizo usar el botón rojo de la UFW todo el tiempo, para nuestras fotos de la escuela”, dijo.

Siguiendo los pasos de su abuelo, ella es una luchadora por los derechos civiles, la justicia social y la igualdad laboral. Su trabajo ha aumentado la concientización para proteger los derechos civiles de los trabajadores agrícolas y a la comunidad de inmigrantes más grande en el país.

También ha sido reconocida por su dedicación en la lucha por el matrimonio igualitario, y continúa trabajando para unir a las comunidades históricamente marginadas, para forjar la paz y la unidad.

Una vez oyó a su abuelo decir, “no necesitamos sistemas políticos perfectos, necesitamos una participación perfecta” y eso la ha influenciado incluso hasta nuestros días.

Después de las elecciones presidenciales del año pasado, Chávez deseó hubiera podido acudir a su abuela, Helen Chávez, pero ella perdió a su abuela en junio, antes de las elecciones.

“Tuve tanto miedo de lo que significaría la elección para los miles de trabajadores agrícolas que trabajan en nuestros campos. La mayoría no tienen documentación para estar en este país. Recuerdo todas las veces que la llamé cuando era joven. Ella decía, ‘mija, usted perderá a veces, pero es lo que haces después de eso, eso cuenta. En el movimiento de trabajadores agrícolas tuvimos tantos retrocesos y pérdidas. Debes recordar que nunca puedes renunciar aunque sientas que no hay salida, tienes que recordar que la lucha por la justicia es un maratón, no una carrera corta de gran velocidad’”, dijo.

Desde una edad temprana siempre fue animada a involucrarse y a hablar en contra de cualquier injusticia. Aprendió dos lecciones importantes de su abuelo: solidaridad y compromiso.

Ella recuerda una época, cuando tenía 15 años, y su abuelo fue invitado a Nueva York. Él decidió llevar a Christine y a su hermana Vanessa en el viaje.

“Nunca habíamos estado en un avión y definitivamente nunca habíamos estado en Nueva York. La organización planeaba hospedar a mi abuelo en el Hotel Park Plaza, que es un hotel muy elegante. Mi hermana y yo queríamos quedarnos allí pero mi abuelo no estaba de acuerdo. Nunca se quedaba en los hoteles, siempre decía que no importaba en dónde estuviéramos en los Estados Unidos, podíamos encontrar un partidario y quedarnos en su casa. Le rogamos que se quedara en el hotel mientras estábamos en Nueva York y finalmente estuvo de acuerdo. Estábamos tan emocionadas e imaginé todas las cosas que haríamos en el lujoso hotel. Cuando nos detuvimos en frente del hotel, las camareras estaban en huelga. Mi abuelo estaba furioso por que lo hicimos conducir el coche hasta el hotel, no llegamos a quedarnos en el hotel y mi hermana y yo tuvimos que salir y caminar en línea de piquete para mostrar solidaridad. Nunca me he olvidado de eso”, dijo.

Fue durante su decimosexto año que comenzó a darse cuenta de quién era su abuelo y el impacto que tuvo en los demás.

“Comencé a verlo como un líder de derechos civiles. Fue durante el verano de 1988 cuando mi abuela Helen llamó a nuestra familia y dijo que nuestro abuelo no había comido durante una semana”, dijo Chávez.

Ésta fue la primera vez que presenciaron uno de sus ayunos para llamar la atención sobre lo que estaba mal. Recordó que no estaban preparadas para lo que vendría ese verano.

“A la edad de 61 años realizó su ayuno público más largo, por 36 días, tomando sólo agua simplemente para llamar la atención sobre el envenenamiento por pesticidas en los trabajadores agrícolas y en sus hijos. Mientras ayunaba semana tras semana, lo vimos pasar de una persona muy activa y vibrante a estar encamado y casi perdiendo su vida. Nunca había sido testigo de ese nivel de compromiso y dedicación, en ninguna persona, antes o desde entonces”, dijo.