A sus 50 años, El Centro mantiene un enfoque integral
en los servicios comunitarios



Tras haber ocupado durante tres años el cargo de mayor responsabilidad en El Centro como presidenta y directora ejecutiva, Erica Andrade afirma que sigue disfrutando de su trabajo porque cada día es diferente.





Cuidando a la persona en su totalidad







Durante los últimos 50 años, El Centro ha servido a la comunidad, centrándose siempre en aquellas personas que simplemente necesitan una mano amiga o alguien que les ayude a resolver una situación que no pueden solucionar por sí mismas. Cuando las personas se involucran con El Centro, esto les dibuja una sonrisa en el rostro, pues saben que su labor beneficia a quienes reciben ayuda de la organización.





Este grupo de personas de toda el área metropolitana se unió para colaborar como voluntarios en el comité organizador de la gala del 50.º aniversario de El Centro. Todos querían aportar su granito de arena en la planificación y ejecución de una celebración dedicada al servicio a la comunidad. Erica Andrade afirma creer en la aplicación del mismo enfoque integral a la misión de El Centro que adoptaron sus líderes fundadores hace 50 años. (foto inferior)







TRADUCE GEMMA TORNERO

Nota del editor: Esta es la segunda parte de una serie de dos artículos que conmemoran el 50.º aniversario de El Centro en 2026. Traduce gemma tornero Mientras El Centro celebra su 50.º aniversario este año, sus líderes reflexionan sobre la historia de la organización y también sobre su futuro, el cual está lleno no solo de desafíos, sino también de un gran potencial.

Erica Andrade, presidenta y directora ejecutiva, ha estado vinculada a El Centro durante gran parte de su vida, tras haber conocido la organización casi por casualidad.

“Fui voluntaria en varias ocasiones para la Academia para Niños (Academy for Children). Acompañaba a los niños cuando salíamos a realizar actividades y cosas por el estilo. Me mudé a Kansas City, Kansas, cuando tenía 15 años, y desde entonces siempre he vivido en el barrio de Argentine. El centro estaba justo ahí, bajando la calle desde nuestra casa era un lugar muy conocido por la gente y siempre me gustó ese aspecto comunitario”, comenta Andrade.

Durante sus estudios universitarios, fue voluntaria en el programa de violencia doméstica del centro y reflexionó sobre cómo le gustaría pasar sus años tras graduarse.

“Solo se me ocurría una cosa que me hiciera feliz: trabajar para mi comunidad, trabajar para la gente, para ‘mi gente’”, afirma.

Andrade llamó a Ian Bautista, codirector de El Centro, para preguntarle si había alguna vacante. Tras una entrevista con Bautista, fue contratada como coordinadora de maestros. Aunque no se consideraba una persona que conectara naturalmente con los niños, Andrade cuenta que logró establecer vínculos con aquellos con quienes trabajaba.

“Empecé a conocer sus vidas y a buscar formas de ayudarlos, porque soy una persona que, por naturaleza, siempre quiere solucionar los problemas”, dice Andrade. “Y esa es precisamente la clase de relación que El Centro mantiene con su comunidad. Al final, eso fue lo que hizo que me enamorara de la organización”. Andrade continuó trabajando como gestora de casos y directora de educación para adultos más tarde, recuerda, se le presentó una oportunidad que marcó un antes y un después en su carrera.

“El Centro había empezado a considerar la idea de iniciar un programa de navegación en salud. Esto fue antes de que se convirtiera en una tendencia común en todos los hospitales. Así que me preguntaron... me dieron la oportunidad de ir a Nueva York y certificarme como navegadora de pacientes”, cuenta Andrade, añadiendo que, a su regreso, puso en marcha el programa de navegación en salud de El Centro.

Ese puesto llevó a Andrade a ser contratada como directora de programas del centro.

“Me encargaba de gran parte del desarrollo de recursos por aquel entonces, redactaba cerca del 80 por ciento de las solicitudes de subvención. Logré aumentar el presupuesto, duplicándolo en un plazo de tres a cuatro años”, señaló Andrade, agregando que, aunque disfrutó de ese gran logro, en el fondo siempre se ha considerado una narradora de historias. “Y, de nuevo, estaba ese aspecto de contar historias. Siento que comprendo algo en su esencia misma porque entiendo a la comunidad, porque veo a mi madre reflejada en ella, así como las necesidades que tuvo y las dificultades que atravesó”.

Mientras avanzaba en su trayectoria profesional, Andrade valora haber contado con la amistad y la mentoría de Irene Caudillo, quien ocupó el cargo de presidenta y directora ejecutiva de El Centro durante una década antes de dejar la organización en 2023. Al enterarse de la partida de Caudillo, Andrade se planteó si debía postularse para sucederla. Como siempre, Caudillo tuvo palabras sabias para ella.

“¿Me postulo o no? Me encanta lo que hago”, recuerda haber pensado Andrade. “Entonces Irene dijo: ‘Este trabajo es simplemente una extensión de eso. Todas esas cosas que me comentas diciendo: “Sueño con que pudiéramos hacer esto...”... ahora simplemente las llevas a cabo. Son tus sueños. Así que, simplemente, hazlos realidad’”.

Ahora, tras tres años ocupando el puesto de mayor responsabilidad en El Centro, Andrade afirma que sigue amando su trabajo porque cada día es diferente como cualquier empleo, tiene sus aspectos positivos y negativos. Y ella supera esos días difíciles con la ayuda de su extraordinario equipo.

«Pasamos por este tipo de altibajos, momentos de auge seguidos de pequeños descensos en los que la situación se complica pero, dado el papel que desempeña El Centro en la comunidad —específicamente al servir a quienes servimos y definirnos como una organización que prioriza el español—, sabemos quiénes van a cruzar nuestras puertas», comenta Andrade. «Se enfrentan a muchas barreras adicionales, y la situación llega a ser realmente agotadora porque también somos conscientes de que no podemos hacerlo todo por todo el mundo. Es imposible».

Últimamente, parece que los desafíos se multiplican en medio de esta crisis económica.

«La situación se ha vuelto muy difícil en cuanto al acceso a los alimentos. Y ni siquiera se trata del acceso en sí pueden conseguir la comida. El problema es la asequibilidad. Todo está carísimo», comenta Andrade. «Lo que antes bastaba para salir adelante, ahora ya no alcanza. Además, se están recortando las ayudas, lo que complica aún más las cosas».

Andrade añade que, como el centro no cuenta con abogados en plantilla, a veces los empleados dudan a la hora de ofrecer asesoramiento jurídico. Sin embargo, si alguien acude con preguntas sobre la renovación del estatus DACA, la protección de su hogar y su familia o el proceso de naturalización, el personal le facilita una lista de bufetes de abogados a los que puede recurrir. Andrade reconoce que esta situación puede resultar frustrante para todos los implicados.

«Supone una gran carga emocional para gran parte del personal, lo que a su vez repercute en mí, ya que mi trabajo consistía en atender a mis clientes —es decir, a la comunidad—, mientras que ahora mi labor es cuidar de mi equipo», afirma. «Esa es la diferencia: debo cuidar de ellos para que puedan cuidar de la comunidad».

Aun así, Andrade asegura que tanto ella como su equipo se sienten afortunados cuando las personas o familias regresan en busca de más asesoramiento, pues eso significa que se han ganado la confianza de aquellos a quienes sirven.

«Muchas personas vuelven a nosotros porque aquí se sienten como en casa», comenta.

Hoy en día, Andrade sigue convencida de la importancia de mantener el mismo enfoque integral en la misión de El Centro que adoptaron sus fundadores hace 50 años.

«Ofrecemos asistencia de emergencia y educación financiera, y hemos retomado los cursos de GED en español», señala Andrade, añadiendo que la organización también ha empezado a centrarse en fomentar la participación cívica. “Se trata de mantener esas conversaciones más amplias para comprender cómo es la comunidad que nos rodea y así poder participar plenamente... Queremos que la gente venga y haga de esta comunidad su hogar, que compre viviendas, pague impuestos —todas esas cosas que hacen funcionar nuestras economías— y cree pequeñas empresas. Y eso es lo que hace nuestra comunidad. Eso es lo que caracteriza a los latinos: quieren ser propietarios, quieren construir cosas, porque lo llevamos en la sangre”.

El 50.º aniversario de El Centro, señala Andrade, es motivo de celebración en una época en la que las celebraciones han escaseado.

“Incluso cuando empezamos a planificarlo el año pasado —debido a todo lo que ocurre en el ámbito político y a los ataques que hemos sentido contra nuestra cultura y nuestra comunidad latina aquí en los últimos años—”, comenta, “realmente sentí que era el momento de decir: ‘Más allá de lo que esté sucediendo... este es un momento para celebrar, para recuperar la alegría y compartir abiertamente el júbilo que sentimos al celebrar nuestra cultura, nuestros logros, a las personas a las que ayudamos y al poder celebrar esas historias’”.

Andrade afirma que, a medida que se acerca la celebración del 50.º aniversario, desea que todos se diviertan, pero también tiene un mensaje para los asistentes.

“Quiero que se vayan comprendiendo realmente la labor que realizamos en la comunidad. Tendrán la oportunidad de escuchar directamente a los miembros de la comunidad, quienes compartirán historias sobre cómo El Centro ha influido personalmente en sus vidas”, dice Andrade. “Quiero que salgan de allí preparados y motivados para pasar a la acción —de la manera que les resulte más cómoda— en lo que respecta a la defensa de causas, a ser mejores colaboradores y a ser mejores aliados, no solo de El Centro, sino también de otros latinos en sus comunidades.

El Centro celebrará sus 50 años de impacto con una gala el 17 de octubre de 2026 en Fiorella’s Event Space, ubicado en 9000 W. 137th Street, Overland Park, Kansas 66221.

Para más información, visite www.elcentroinc.com”.