Residente de casas rodantes lucha por encontrar un nuevo hogar a medida que continúa la reubicación





"Me quedaré aquí hasta que me echen"





Zoila Guzmán sabe que es solo cuestión de tiempo para que se vea
​obligada a mudarse.





Con su discapacidad, Zoila Guzmán ha vivido durante años en su casa móvil que es accesible para discapacitados. Ahora, cuando mira hacia afuera desde sus ventanas ve toda la basura que dejan atrás en el campamento de casas móviles Heart Village, haciéndola sentir que está viviendo en un depósito de chatarra.





TRADUCE GEMMA TORNERO
Mientras el área se prepara para la llegada de la nueva Cárcel del Condado de Jackson, los residentes del campamento de casas rodantes Heart Village, cerca de la autopista I-70 y 40 en KCMO, ubicado en el terreno en el que se ubicará la cárcel, se han estado preparando durante meses para ser desplazados. Pero para algunos, el proceso de encontrar un nuevo hogar bajo el plan del condado de reubicación por $1.7 millones de dólares no ha sido tan fácil. Zoila Guzmán, residente desde hace mucho tiempo del campamento de casas rodantes, dice que su casa rodante, que está totalmente pagada, puede adaptarse a sus necesidades especiales. Guzmán, de 43 años, tuvo un derrame cerebral hace varios años que la dejó atada a una silla de ruedas. Ella dice que se ha esforzado por encontrar un nuevo hogar con la ayuda de los trabajadores sociales, una búsqueda que se ha vuelto más difícil por el hecho de que no tiene una fuente de ingresos, y aún no ha encontrado ningún apartamento que sea accesible para sillas de ruedas. Los funcionarios del condado tampoco han sido de ayuda, dice Guzmán. "Lo que encontraron para mí no es un apartamento. Es más como un estudio", dice ella. "Mi silla de ruedas no cabe". El condado ofreció pagarle a Guzmán para que se reubique. Guzmán dice que inicialmente le ofrecieron $20,000, pero que llegarán a $40,000, pero el activista comunitario Manny Abarca dice que el dinero solo será una solución temporal a un problema mayor. "Eso es parte del desafío de desplazar a alguien así. Tienen la confianza y seguridad de las casas que poseen y el condado les está ofreciendo dinero que se va a acabar", dice Abarca, quien se enteró de los problemas de Guzmán a través de su trabajo anterior en la oficina del congresista Emmanuel Cleaver. "¿Qué pasa con esos $20,000 cuando se acaban? El condado tiene la responsabilidad de ofrecer una solución a largo plazo, no la eliminación a corto plazo de (residentes) fuera del sitio". En este momento, solo un puñado de familias, y mucha basura y escombros, permanecen en el sitio del campamento de casas rodantes. Amigos y vecinos dicen que están preocupados por Guzmán y por lo que le depara el futuro. "Me preocupa que no le den lo que necesita: un lugar que tenga el mismo tamaño y las comodidades para lo que necesita como persona discapacitada", dice un vecino que desea permanecer en el anonimato. "Espero que le den un remolque o una casa del mismo tamaño y accesible para discapacitados. La han llevado a ver unos apartamentos horribles. Ni siquiera pudo meter su silla de ruedas. Es una lástima y me enferma”. A medida que pasan los días y la nueva cárcel está cerca de convertirse en realidad, la vecina mira hacia el parque de casas rodantes y sacude la cabeza ante el estado actual de la propiedad. "Cuando movieron los remolques, todo quedó en ruinas", señala. Mientras tanto, Guzmán dice que sus experiencias con los funcionarios del condado continúan creando frustración y estrés para ella. Incluso la comunicación simple, dice, no funciona. “El condado incluso me ha estado diciendo que necesito un traductor", dice Guzmán en un inglés claro y gramaticalmente correcto. Sus otros vecinos continúan preparándose para irse por ejemplo, está Gregory, un veterano militar que está empacando sus pertenencias para Excelsior Springs. "El condado no nos daría un tráiler comparable al nuestro", dice Gregory, cuyo tráiler es demasiado viejo para moverlo. “Pensé que podríamos quedarnos en esta área”. Abarca, quien señala que el condado no le ha ofrecido a Guzmán una mayor cantidad de dinero en papel, dice que toda la situación es injusta para alguien tan vulnerable. “Este no es un entorno de vida en el que cualquiera deba vivir, y mucho menos alguien que creas que está en una situación vulnerable", dice Abarca. Guzmán dice que tiene fe en que su propia situación se resolverá al final, y con la ayuda de otros en quienes ella confía. "Espero que el condado piense en mi situación y que me puedan hacer una oferta mejor que la que me han hecho", dice ella. "Hasta entonces, me quedaré aquí hasta que me echen. Tengo que hacer lo que necesito para sobrevivir".