La iglesia bendice a la comunidad
con Desayuno del Milagro todos los sábados





“Cuando entran por nuestras puertas, somos todos iguales. Solo somos personas”





El Desayuno del Milagro es servido por voluntarios del área, tanto jóvenes como adultos. Todos son bienvenidos y muchos dicen que es una oportunidad para el compañerismo. Cada semana, los voluntarios de la iglesia hacen fila para cocinar y repartir una variedad de alimentos básicos para el desayuno a cualquiera que se presente, incluyendo galletas y salsa, fruta fresca, café, huevos revueltos, salchichas y, el primer y tercer sábados de cada mes, waffles, el alimento más popular en el menú de la iglesia.



TRADUCE GEMMA TORNERO


En uno de los milagros más grandes relatados en la Biblia, Jesús alimentó a una multitud de 5,000 con solo cinco panes y tres peces. Una iglesia local ha estado haciendo lo mismo durante casi una década, bueno, lo ha hecho con waffles y huevos revueltos.


Este mes de marzo, la Iglesia Luterana de la Resurrección, ubicada en Prairie Village, Kansas, marcará el décimo año de su Sábado del Desayuno del Milagro, una ofrenda semanal de desayuno gratuito para cualquier persona necesitada en la comunidad. Cada semana, los voluntarios de la iglesia hacen fila para cocinar y repartir una variedad de alimentos básicos para el desayuno a cualquiera que se presente, el menú incluye galletas, salsa, fruta fresca, café, huevos revueltos, salchichas y, el primer y tercer sábados de cada mes, waffles, el alimento más popular en el menú de la iglesia. Todo el desayuno es gratuito y abierto al público.


En este momento, la Reverenda Dr. Alix D. Pridgen, la pastora de la iglesia, dice que aproximadamente 50 personas se presentan a comer cada semana, pero a ella le gustaría ver más.


“Hemos estado haciendo esto durante nueve años, lo que es notable”, dice Pridgen. “Reunimos todo esto después de la recesión económica, en 2008. Comenzamos a escuchar historias sobre personas que necesitaban asistencia, personas que estaban batallando porque no tenían trabajo”.


Eso incluía al Condado de Johnson, un lugar con una reputación de opulencia y riqueza.


“Nadie hablaba de eso en el Condado de Johnson”, dice Pridgen, y agrega que muchas de las casas grandes y extravagantes del Condado de Johnson son propiedad de residentes con una deuda asombrosa, tanto que apenas pueden pagar los pagos de la hipoteca. “Todos asumen que todos son ricos allí”.


Pridgen consultó a colegas en otras iglesias del área, así como a su congregación, para determinar la logística de llevar a la vida la idea de un desayuno gratuito, que se ofreciera de manera regular y para toda la comunidad.


“Le preguntamos a Dios: ‘¿Qué quieres que hagamos?’”, recuerda. “Un día, estaba leyendo las Escrituras y me encontré con el pasaje acerca de cómo Jesús alimento a 5,000 personas. Pensé: ‘Aquí hay algo a lo que debo prestarle atención”.


Pridgen dice que sus feligreses estaban entusiasmados con la idea, pero ¿cómo funcionaría?


“Después del servicio, la gente dijo: ‘¡Tenemos que hacer ésta comida!’”, dice Pridgen. “Otros dijeron: ‘Esto arruinará a la congregación. Habrá gente haciendo fila alrededor de la calle”.


Así sea, decidió Pridgen. Ella sabía que Dios proveería.


“Mi experiencia ha sido, por mucho que necesitemos servir, de alguna manera, los recursos están ahí”, dice Pridgen.


Y así, Pridgen y un grupo de voluntarios se dispusieron a comprar todos los suministros que necesitaban en las tiendas de comestibles locales (la iglesia no tiene una despensa de comida) y, en total, los costos del evento ascendieron a aproximadamente $ 600 al mes.


Ese gasto bien vale la pena por ver las caras de quienes vienen cada semana. Las personas que llegan cruzan todos las fronteras. Son hispanos, son blancos, son negros. Son jóvenes y viejos, hombres y mujeres. Son ricos y pobres. Son de Kansas y Missouri. Y con el tiempo, se han convertido en una familia para los voluntarios que los atienden.


“Está lleno de humildad”, dice la Pastora Pridgen sobre el poder del evento para unir a las personas. “Nadie quiere ir a un comedor. Nadie quiere sentirse pobre. Todos queremos sentir que somos dadores, no receptores. No queríamos excluir a nadie. Queremos ser una comunidad y construir amistades entre culturas, niveles socioeconómicos e idiomas”.


El aumento de los costos de los alimentos dificulta que una familia salga a comer, y Pridgen dice que la iglesia está feliz de cocinar y servir una comida caliente y abundante, sin costo para quien la necesite.


“Es muy caro salir y comer. Está fuera del alcance de muchas personas”, observa Pridgen. “He tenido gente que me ha dicho a lo largo de los años que éste es su restaurante”.


Como una joven madre de tres hijos, Elizabeth Sosa sabe lo costoso que puede ser un desayuno de fin de semana. Ella ha asistido al Desayuno del Milagro en la iglesia durante casi tres años y tiene una gran felicitación por el evento y sus organizadores.


“La comida es tan deliciosa y la gente es muy agradable”, dice Sosa. “Me siento muy cómoda aquí, y estoy muy agradecida porque puedes tomar un desayuno caliente todos los sábados y no tengo que cocinar. Eso es bueno para mí, porque tengo que estar en el trabajo todos los sábados por la mañana”.


Ella también llama al Desayuno del Milagro “una bendición”.


“La primera vez que vine, no sabía qué esperar”, dice ella. “Pero cuando vi que la gente era agradable, aquí me sentí como una familia”.


Edwin Marín, de 13 años, ha asistido al desayuno desde que tenía 8 años. Él dice que ama toda la comida que se ofrece en el desayuno. Y, por suerte para sus padres, se asegura de que su familia nunca se pierda un sábado.


“A veces, cuando se olvidan, les recuerdo a mis padres y venimos”, dice Edwin.


Cuanto más, mejor, dice Pridgen. Ella dice que quiere que los números del evento crezcan y anima a todos a asistir, a que se alimenten y hacer nuevos amigos en un ambiente sin prejuicios donde todos reciben apoyo.


Cuando Pridgen da esas palabras de bienvenida, las personas como Juliana saben que viene del corazón. “Es hermoso venir al desayuno, dice Juliana recordó cuando llegó por primera vez al Desayuno del Milagro: “No teníamos un lugar donde vivir y no teníamos dinero para comprar alimentos. Ahora mis hijos se han acostumbrado a ir al desayuno con la mayor frecuencia posible ... es como desayunar con la familia”.


“Qué bendición es para nosotros”, dice Pridgen. “No sentimos que estemos haciendo esto por otras personas. Simplemente nos sentimos bendecidos por la comunidad. Han enriquecido nuestras vidas. Los sábados por la mañana, es un vecindario poco probable, pero para mí, es el reino de Dios. ... Cuando entran por nuestras puertas, somos todos iguales. Solo somos personas”.


El Ministerio del Desayuno del Milagro de la iglesia se lleva a cabo de 9 a.m. a 10:30 a.m. todos los sábados en la iglesia, ubicada en el número 9100 de Mission Road, en Prairie Village. Para donar dinero o para obtener más información sobre el Desayuno del Milagro, llame al (913) 649-0438 o visite www.lcrpv.org.