Roberto Marín logró una vida llena de servicio y amigos





Continué en contacto con él a lo largo de los años





José "Chato" García (de pie) dijo, que las acciones de Roberto Marín en la relación con México, fueron personificadas por sus actividades de Ciudad Hermana, que promovieron lazos culturales y sociales de ciudades mexicanas con instituciones anglosajonas.



TRADUCE GEMMA TORNERO


Roberto Marín, llegó a los Estados Unidos desde su pueblo nativo, Tangancícuaro, Michoacán, México, a mediados de los años 30.


En 1973, a los 37 años de edad, el entonces alcalde de Kansas City, Missouri, Charles B. Wheeler, le otorgó la “ciudadanía honoraria de Kansas City, Missouri”.


Cinco años más tarde, en un banquete en el Hotel Crown Center, en 1978, la Sociedad Morelos lo nombró “Hombre del Año”.


¡Roberto A. Marín, un emprendedor estadounidense nacido en México, quien falleció a principios de esta semana, fue una dinamo de actividad y que algunos decían de él, ‘no conocía límites’! En su momento fue un ayudante de camarero en el Hotel Muehlebach. Durante once años trabajó en Swift Packing House, al otro lado del puente de la calle 23, en el lado de Kansas del río Kaw. Don Roberto finalmente trabajó como cochero para el ferrocarril Santa Fe.


¡Todos estos trabajos prepararon el escenario para que él pudiera viajar con su novia Delia, a quien conoció en los Estados Unidos, y después regresaron a su ciudad natal, Uruapan, Michoacán, para casarse con ella!


Sobre todo, Roberto Marín, fue un restaurantero, estableciendo el restaurante Marín’s La Fiesta, ubicado en la calle 26, en Kansas City, Kansas.


Su profunda asociación con su lugar de nacimiento motivó la fundación de la Sociedad Morelos al principio de su carrera. No era un alhelí, se involucró en la promoción de ciudades mexicanas para convertirlas en ciudades hermanas de ambas Kansas City.


A través de la Sociedad Morelos, impulsó exposiciones, ferias, fiestas patrias, festivales y, una vez, acompañó a más de 70 residentes de KCK a Uruapan, México, para establecer formalmente una conexión de Ciudad Hermana con Kansas City, Kansas.


Este viaje fue en respuesta a una visita de una delegación encabezada por el alcalde de Uruapan, Michoacán, quienes visitaron KCK, haciendo del programa de Ciudades Hermanas un gran éxito.


Cuando me fui del área de Kansas City, en 1976, supe de sus actividades pero no tuve contacto personal con Roberto, hasta 2012, cuando me invitó a una reunión del Salón de la Fama de Tequileros. Junto con sus muchos intereses, descubrí que Roberto y sus hijos eran distribuidores de las principales marcas de tequila en Kansas.


Continué en contacto con él a lo largo de los años debido a mi interés en archivar y curar la experiencia mestiza, parte de la misión de la Sociedad Histórica Mexicoamericana de la Región Central.


Me pareció natural asociarse con aquellos que tenían raíces mexicanas. Una continuidad de asociación que siguió un curso en las experiencias de mi vida, y que me conectó con mexicanos, que después de vivir en los Estados Unidos por décadas, mantuvieron su respeto y relación emocional con todo lo mexicano, e involucraron energéticamente a otros para participar de la misma manera.


Para Don Marín, yo no era un pocho. No tuve que explicar mi chicanísmo. Después de Vietnam, fui un activista chicano en el Colegio Comunitario Penn Valley y presidente de U.M.A.S. en UMKC., a principios de los años 70, los chicanos y otros como Roberto Marín, lucharon por la igualdad y la justicia utilizando estrategias en conflicto.


Sus acciones, en la relación con México, fueron personificadas por sus actividades de Ciudad Hermana, que promovieron lazos culturales y sociales de ciudades mexicanas con instituciones anglosajonas.


Mi agenda como chicano evolucionó en torno a la autodeterminación, la educación y el aprendizaje sobre nuestra cultura de mestizaje. Estos objetivos nos pusieron en conflicto con personas como Roberto, quien era visto como un ladrón de escenas, alguien que no podía tener suficiente al estar cerca de las personas de poder.


Bueno, ahora es 2020. Todavía soy chicano, con un recuerdo de esos años formidables. En retrospectiva, he desarrollado un respeto por los hombres como Don Roberto, que sin miedo se movió en círculos a los que aspiraba nuestra propia generación.


No puedo negar mi deuda con los mexicanos, comenzando con Mama Grande, quien llegó a Kansas City desde Triunfo, Baja California, en 1952. Cuando tenía seis años y mi hermana cuatro, nos tomó bajo su protección y nos protegió del flagelo que mató a nuestra madre y debilitó a mi padre.


O la relación de un hombre de Chihuahua, México, quien se había casado en mi familia. ¡El Tío José “Grandote” Bernal me trataba como a su propio hijo, a pesar de tener un trabajo en Armco y criar una familia de ocho integrantes! Me convertí en un fanático del béisbol de KC de toda la vida, porque Tío José me llevaba a los juegos de pelota en el Estadio Municipal, cuando los K.C.A’s eran nuevos en la ciudad ... después del juego, me invitaba barbacoa en Arthur Bryant, ubicado justo al final de la calle Brooklyn.


Éstas relaciones con los mexicanos se convirtieron y siguen siendo una parte muy importante de mi chicanísmo. Don Marín, me aceptó como alguien que le caía bien, apreciaba la historia y la cultura de nuestros antepasados ​​... ¡siempre y cuando no lo pasara desapercibido!